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Diego Sívori
03 de de 2015

Intensa Mente y comer con emociones.

¿Por qué será que Intensa Mente, de Disney Pixar, está convocando a tanta gente y está en boca de todos? (¡Siendo esta una página de nutrición, permitime hacer chistes fáciles como ese!) Estoy seguro de que hay algo más allá de todas las estrategias de marketing que nos vienen provocando ver la película a través de tantos muñequitos en menús infantiles de restaurantes de comidas rápidas y a través de afiches en patios de comidas de shoppings. (Cosa que en mi libro El Cerebro del Consumo podés encontrar muy bien explicada). Lo que sucede, más en lo profundo, es que Intensa Mente aborda un tema que está en boga: cómo es que nuestro cerebro procesa nuestras experiencias; y más precisamente cómo las emociones inciden de forma fundamental en todas nuestras decisiones.

En este sentido, tomamos decisiones de consumo permanentemente. Aquellas decisiones de consumo más primarias son las que tienen que ver con la comida y la alimentación. ¿Podemos relacionar las lecciones que nos da esta película con nuestras elecciones alimenticias? Intentémoslo, ¡que va a resultar divertido!

LAS EMOCIONES COMIENZAN POR ÓRDENES DESDE EL CEREBRO

Pueden sentirse sus efectos en el cuerpo, sí, pero los “comandos” empiezan por allí. (tema extensamente desarrollado en mi libro Ciencia de las Emociones, 2013). En relación a cómo nos alimentamos, es fundamental entender que los mecanismos de la gula y de la tentación están dentro de tu cerebro. No son cosa de mandinga ni están más allá de tu cuerpo. ¡Y por eso podés aprender a cambiar tus hábitos! El poder razonar si un alimento es conveniente por sus proteínas, o bien el caer en el impulso de engullirte un tremendo pedazo de torta de chocolate, son ambas cuestiones que se procesan al ladito la una de la otra, dentro de tu cabeza.

CADA EMOCIÓN ES UNA UNIDAD INDEPENDIENTE DE LA OTRA

En la peli están representadas por personajes que habitan la cabeza, claro. En realidad esas unidades son el resultado del procesamiento de neuronas y de la química de moléculas llamadas neurotransmisores. La emoción del apetito por las cosas dulces opera de manera independiente a la emoción del asco, y por eso no se te encienden estas dos emociones al mismo tiempo por un determinado alimento.

LAS EMOCIONES EN LOS ADULTOS SON MÁS MODERADAS Y ESTÁN MÁS COORDINADAS ENTRE SÍ

Todo tiene que ver con un proceso de habituación, adaptación pro-social y con los cambios en nuestra biología que vamos experimentando a medida que crecemos. Pero lamentablemente, la habituación puede suceder en relación a estímulos nocivos, y por eso a veces estamos tan acostumbrados a beber gaseosa en las comidas que nos cuesta demasiada autodisciplina evitarlo. ¡Ni hablemos de piel de pollo, postres exagerados y porciones grandes!

NINGUNA EMOCIÓN EN SÍ MISMA ES MALA

Si existen en nuestro cerebro, es porque tuvieron alguna utilidad en nuestros antepasados. Como la psicología evolutiva nos enseña: los recursos de nuestro cerebro son el resultado de millones de años de evolución. Las emociones son útiles e informativas. El asco, por ejemplo, es un recurso muy útil que –aun sin vos entender conscientemente por qué- te lleva a alejarte de potenciales contaminantes o comidas putrefactas.

No nacemos como un pizarrón en blanco que no hace nada, un cerebro sin funcionalidades. No. Sino con un aparato cerebral con determinados procesos que operan desde nuestro nacimiento. Para volver al tema del asco, y relacionarlo con lo que te contaba recién, es esta respuesta innata la que lleva a los chicos a rechazar el brócoli, la espinaca y las verduras de hoja. Si querés leer más sobre eso, no dudes revisar mi nota anterior en esta misma página: <<¿Por qué de chicos no comemos las verduras?>>

El almacenamiento de un determinado episodio de nuestra vida en nuestra memoria de largo plazo siempre está promovido por una experiencia emocional. A mayor contenido emocional, más recordamos algo. Por eso puede ser traumático para un niño que lo fuercen a tomar la sopa (como le pasaba a Mafalda), o que lo amenacen con un castigo severo si no come algo que le resulta desagradable. Es preferible que premies un comportamiento y no que castigues una omisión (¡nos lo enseña la psicología científica!): "Comé o no te doy postre" funciona menos que "Si comes te doy postre". La diferencia parece sutil, pero no lo es.

LAS EMOCIONES TAMBIÉN ESTÁN PRESENTES EN ANIMALES

En una versión homóloga (para usar un término propio de la biología). Es decir, nuestros primos animales tienen emociones 2.0, mientras nosotros tenemos las 7.1. Todo esto es cortesía de la evolución, por supuesto. No tenés más que mirar a tu pobre gatito o cachorro cuando le das alimento balanceado de calidad inferior a la comida con la que lo alimentás habitualmente: te hace una huelga de hambre y te mira con cara de ¿qué pasó hoy?

La película se sitúa en un momento clave de la vida de cualquier ser humano: la transición de la infancia a la adolescencia, y todos los cambios que parecen augurar el apocalipsis de nuestros procesos cerebrales cuando en realidad se trata de un gran y fructífero reacomodamiento de aprendizaje. En ese aprendizaje, la incorporación de hábitos alimenticios tiene mucho más que ver con la inserción social que con el apetito o el sentido del gusto. La cerveza nunca tiene buen sabor la primera vez (o las primeras… varias veces). Sólo que para pertenecer a la manada, incorporamos esta bebida en nuestras costumbres de reunión desde temprana edad para ser aceptados como “cancheros” y “cools”.

PELÍCULA RECOMENDADA

No quiero terminar esta crítica cinematográfico-nutricional sin evocar que esta película es mucho más útil para adultos que para jóvenes, aunque parezca paradójico. Por si fuera poco, y como frutillas de varios postres (¡otro chiste apropiado!), la peli contiene muchísimas perlitas. Como por ejemplo que el cerebro valora las propias creencias y prejuicios de la misma manera que valoramos los hechos. Cuando un obeso baja de peso rápidamente, por ejemplo, le cuesta mucho aceptar su nueva figura porque ya lleva años con una imagen interna inscripta sobre sus limitaciones y su (absolutamente subjetiva) inferioridad estética.
Me pone contento encontrar piezas culturales como Intensa Mente, que contribuyen desde otro ángulo (no sólo la ciencia dura o los documentales divulgativos lo logran) a reflexionar sobre cómo llegamos a sentir lo que sentimos.


Te recomiendo que leas más sobre este tema en mi blog: www.homosentiens.com.ar


¡Ah! ¡Y también te recomiendo que no abuses del pochoclo en el cine!

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Federico Fros Campelo

Federico Fros Campelo

Es autor del libro El Cerebro del Consumo. Investiga los procesos cerebrales de nuestro comportamiento. Su libro anterior, Mapas Emocionales, fue declarado de interés científico de la Ciudad de Buenos Aires. #CerebroMasticable www.homosentiens.com.ar

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